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Salud mental e inteligencia artificial: riesgos ocultos y estrategias para un uso sano

Salud mental y uso de inteligencia artificial parecen conceptos lejanos, pero cada vez están más conectados en nuestra vida diaria. Desde el estudiante que pide a un chatbot que le resuma textos en inglés, hasta quien prepara un test de CI o un cuestionario de personalidad, la IA ya es un compañero constante. El problema surge cuando esa ayuda se vuelve dependencia y empezamos a delegar en la máquina más de lo que nuestra mente puede integrar con calma.

Cuando la IA ayuda… y cuando empieza a pesar

Imagina a Ana, 19 años, TDAH no diagnosticado formalmente, estudiante de Filología Inglesa. Descubrió un chatbot de IA que le corrige redacciones, le propone ejercicios de vocabulario y hasta le sugiere rutinas de estudio basadas en su tipo de personalidad, usando etiquetas parecidas a MBTI. Al principio fue un alivio enorme: por fin alguien respondía a sus dudas a cualquier hora y sin juicio.

Con el tiempo, sin embargo, dejó de intentar resolver por sí misma los ejercicios de gramática, consultaba a la IA para preparar todas sus presentaciones orales y utilizaba herramientas automáticas hasta para escribir mensajes sencillos. Cuando un profesor le planteó un examen sin acceso a dispositivos, Ana sintió un bloqueo total. No era falta de capacidad, sino la sensación de que su propia mente ya no era suficiente sin la ayuda de la máquina. Esa fricción silenciosa tiene impacto en nuestra salud mental, pero también en la forma en que se expresan nuestras capacidades cognitivas en la vida diaria.

Lo que nos dicen los datos: rendimiento, CI y sobrecarga cognitiva

En psicometría se recuerda a menudo algo básico: la media del CI suele normarse en 100 con desviación típica de 15. Eso significa que la mayoría de las personas se sitúa en un rango bastante amplio de capacidad intelectual, y que pequeñas variaciones en puntuaciones no implican cambios radicales en la vida real. Sin embargo, el auge de tests online, muchos apoyados o explicados por IA, ha amplificado la obsesión por obtener la cifra más alta posible.

Herramientas como las Matrices Progresivas de Raven, diseñadas para evaluar razonamiento abstracto sin depender demasiado del lenguaje, se han vuelto muy populares en entornos digitales. Hoy es fácil encontrar tutoriales generados por IA que explican patrones típicos, estrategias para detectar simetrías y hasta trucos paso a paso. Esta accesibilidad tiene un efecto ambiguo. Por un lado, democratiza el acceso al conocimiento sobre evaluación cognitiva. Por otro, puede intensificar la autoexigencia y la comparación constante con los demás.

A esto se suma un fenómeno bien conocido en psicología de la evaluación: los efectos de práctica existen, y conocer de antemano el formato de un test puede mejorar el resultado sin que haya cambiado la capacidad subyacente. Si añadimos a la ecuación guías detalladas generadas por IA, es fácil que algunas personas interpreten un aumento de puntuación como un salto real en su inteligencia, y que se sientan frustradas o ansiosas cuando, en otro contexto sin ayudas, no logran reproducir ese rendimiento.

Estudios sobre uso intensivo de pantallas y multitarea digital ya sugerían antes de la explosión actual de la IA que la sobrecarga de estímulos se asocia a más fatiga mental, mayor dificultad para mantener la atención sostenida y sensación de quedarse sin energía cognitiva al final del día. Cuando cada duda, cada tarea y cada microdecisión pasa por un asistente artificial, aumentan los cambios constantes de foco y se entrena menos la autorregulación, algo especialmente relevante en personas con TDAH o con tendencia a la distracción crónica.

Dependencia invisible: cómo la IA puede erosionar la confianza en tu mente

Más allá de los datos, hay un componente emocional clave. Muchos usuarios describen la IA como una especie de supermentor siempre disponible. Si estás preparando una prueba de aptitudes, un examen de inglés o un proceso de selección con pruebas psicométricas, es tentador pensar que con las indicaciones adecuadas del asistente podrás optimizar cada respuesta.

Ese enfoque tiene una cara oscura. Si cada decisión pasa primero por consultar a la IA, tu cerebro recibe un mensaje sutil pero persistente: no puedes por ti mismo. A medio plazo, esta dinámica puede alimentar el perfeccionismo, la sensación de fraude y el miedo a ser evaluado sin «rueditas de apoyo» tecnológicas. En el terreno de la creatividad ocurre algo parecido. Herramientas generativas que proponen ideas de relatos, soluciones de diseño o proyectos innovadores son poderosas, pero si se usan para evitar el vacío inicial de pensar por cuenta propia, la creatividad se vuelve reactiva en lugar de genuina.

En personas que ya tienden a la comparación constante, por ejemplo quienes siguen foros sobre CI alto, superdotación o tipos de personalidad, ver cómo otros parecen dominar la IA para maximizar resultados puede generar una sensación de carrera infinita. Incluso la frase inocente Haz ahora el test, repetida en distintos sitios y potenciada por asistentes digitales, puede desencadenar una espiral de autoevaluación permanente y fatiga psicológica.

Estrategias prácticas para usar la IA sin quemar tu mente

No se trata de abandonar la tecnología, sino de aprender a utilizarla de manera que amplifique, y no sustituya, tus recursos cognitivos. A continuación se proponen algunas pautas concretas para estudiantes, profesionales y personas interesadas en su perfil cognitivo o de personalidad.

1. Define con claridad para qué usarás la IA

Antes de abrir cualquier asistente, pregúntate qué función va a cumplir:

  • Apoyo para practicar inglés o revisar errores, después de haber intentado la tarea por tu cuenta.
  • Compañero de lluvia de ideas cuando ya tienes un esquema básico, no creador absoluto de contenidos.
  • Guía para comprender conceptos de psicometría, no atajo para manipular resultados de pruebas.

Cuanto más explícito seas con el objetivo, menos probable será que delegues demasiado en la herramienta.

2. Marca zonas libres de IA para entrenar tu atención

Especialmente si tiendes a la dispersión o tienes rasgos compatibles con TDAH, te puede ayudar reservar espacios de trabajo sin asistencia artificial. Por ejemplo:

  • Primeros 20 minutos de cada sesión de estudio dedicados a resolver problemas solo con papel y lápiz.
  • Lectura de textos en inglés o en tu lengua sin traducción automática, apuntando las dudas para revisarlas más tarde.
  • Práctica de ejercicios de razonamiento lógico sin pistas previas, dejando que el esfuerzo cognitivo haga su trabajo.

Después de ese bloque, puedes recurrir a la IA para revisar, corregir o ampliar lo que ya has producido. Así refuerzas la idea de que la herramienta viene después de tu propio pensamiento, no antes.

3. Usa la IA como entrenador metacognitivo, no como oráculo

Una forma saludable de interactuar con la tecnología es pedirle que te ayude a pensar sobre cómo piensas. Por ejemplo, tras hacer un test de aptitudes por tu cuenta, puedes solicitar explicaciones sobre los tipos de razonamiento implicados, o pedir ejercicios adicionales que apunten a tus áreas más débiles. Si estudias para pruebas que utilizan Matrices de Raven, puedes centrarte en entender qué es el razonamiento abstracto y cómo se entrena en situaciones de la vida cotidiana, en lugar de quedarte solo con patrones memorizados.

De este modo, conviertes a la IA en una especie de espejo que te devuelve información sobre tus procesos mentales, en lugar de una muleta que esconde tus dificultades.

4. Limita la autoevaluación constante

Si notas que pasas de un test a otro (CI, TDAH, creatividad, personalidad) buscando una etiqueta definitiva sobre quién eres, conviene frenar temporalmente esa dinámica. Pon un número máximo de pruebas por mes y decide de antemano cuáles tienen mínima calidad psicométrica y finalidad clara. Repite menos tests y dedica más tiempo a reflexionar sobre los resultados que ya tienes. Recuerda que los efectos de práctica pueden inflar tus puntuaciones y que ninguna cifra resume tu valor ni tu futuro.

5. Cuida tu relación emocional con la tecnología

Observa cómo te sientes antes, durante y después de usar asistentes de IA. ¿Te notas más tranquilo, más agitado, más inseguro o más motivado Tras algunos días registrando estas sensaciones, puedes ajustar tiempos y horarios. Para muchas personas es útil:

  • Evitar el uso intensivo de IA justo antes de dormir, para no sobreestimular la mente.
  • No recurrir a la IA en momentos de alta angustia, usando primero estrategias de regulación como respiración o conversación con alguien de confianza.
  • Reservar espacios sin pantallas para actividades creativas analógicas, como escribir a mano o dibujar.

Si persisten el malestar o la sensación de pérdida de control, es recomendable comentarlo con un profesional de la psicología, que pueda ayudarte a ajustar hábitos sin emitir diagnósticos apresurados ni basados solo en el uso de tecnología.

Reflexión final: convivir con la IA sin perdernos por el camino

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse y ya está transformando la manera en que estudiamos, trabajamos y medimos nuestras capacidades. Puede ser una aliada potente para desarrollar habilidades, practicar idiomas, explorar tu perfil cognitivo o potenciar tu creatividad, siempre que no sustituya la experiencia básica de pensar, equivocarse y aprender con tu propio criterio.

El reto de esta década no es solo tecnológico, sino humano. Necesitamos aprender a poner límites, a reconocer cuándo la curiosidad se convierte en obsesión por el rendimiento y a proteger nuestro equilibrio interno frente al ruido constante de las evaluaciones y comparaciones. El objetivo no es demonizar la IA, sino aprender a usarla como herramienta al servicio de tu salud mental en la era digital.

Preguntas frecuentes

¿Es malo utilizar la IA para prepararse pruebas de CI o de aptitudes?

No es necesariamente negativo, siempre que la utilices para comprender mejor los tipos de razonamiento implicados y no para memorizar respuestas concretas o trucos para inflar artificialmente tu puntuación. Lo importante es diferenciar entre entrenar habilidades cognitivas de forma genuina y buscar solo un número más alto en el informe. Si una prueba es oficial o tiene consecuencias importantes, es preferible afrontarla en condiciones lo más parecidas posible a la situación real.

¿La IA puede sustituir a un profesional en la evaluación de TDAH u otros rasgos cognitivos?

No. La IA puede explicar conceptos, ofrecer ejemplos de síntomas frecuentes o ayudarte a organizar información sobre tu funcionamiento diario, pero no puede realizar una valoración clínica completa ni tomar decisiones diagnósticas. La evaluación rigurosa del TDAH, de dificultades de aprendizaje o de cualquier otra condición requiere entrevistas, observaciones y pruebas administradas e interpretadas por especialistas. Si tienes dudas, la tecnología puede ser un apoyo informativo, pero no un sustituto de la consulta profesional.

¿Cómo saber si estoy usando la IA de forma equilibrada en mis estudios o trabajo?

Puedes hacerte algunas preguntas guía. ¿Eres capaz de realizar parte de tus tareas sin asistencia artificial Cuando no tienes acceso a la herramienta, sientes bloqueo total o simplemente algo más de esfuerzo Si notas que cada vez confías menos en tu criterio y que pospones decisiones esperando que la IA lo resuelva todo, conviene revisar tus hábitos. Una pauta práctica es asegurar que primero intentas las tareas por tu cuenta y utilizas después la tecnología para revisar, ampliar o pulir, no para sustituir el proceso completo.

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