Cognición en la era de la IA: ¿está la tecnología apagando tu creatividad?
La cognición humana está entrando en una fase crítica en la era de la inteligencia artificial. Nunca había sido tan fácil delegar cálculos, redacciones, traducciones al inglés o incluso ideas creativas a algoritmos que parecen saberlo todo. Sin embargo, a medida que entregamos más tareas mentales a la máquina, corremos el riesgo de ejercitar menos nuestras propias capacidades de atención, memoria de trabajo, razonamiento y creatividad. El desafío actual no es usar o no usar IA, sino cómo hacerlo sin adormecer la mente.
El día que dejamos de pensar por nosotros mismos: una historia cada vez más común
Imagina a Laura, estudiante universitaria brillante, apasionada por la psicología y los tests de inteligencia. En primero de carrera, disfrutaba resolviendo problemas lógicos y ejercicios de razonamiento; incluso practicaba pruebas de tipo Matrices Progresivas de Raven por puro placer, tomando notas a mano y buscando patrones por sí misma.
Con el tiempo, fue incorporando herramientas de IA en su rutina. Primero para corregir texto en inglés, después para resumir artículos científicos en segundos, y más tarde para “inspirarse” al escribir ensayos. Al principio estaba encantada: producía más, más rápido, con menos esfuerzo mental aparente.
Un día, uno de sus profesores propuso una actividad sin ordenadores, móviles ni asistentes digitales. La tarea: analizar un pequeño conjunto de datos y generar hipótesis creativas sobre la relación entre atención sostenida, rendimiento académico y rasgos de personalidad (incluyendo estilos tipo MBTI). Tenían 45 minutos y solo papel y bolígrafo.
Laura se dio cuenta de algo inquietante: su mente parecía más lenta. Le costaba concentrarse sin la “muleta” del buscador, sin el traductor, sin el resumen automático. Mientras otros compañeros dibujaban esquemas y generaban hipótesis, ella se sentía bloqueada, como si hubiera desaprendido a pensar de forma profunda y sostenida.
No es que se hubiera vuelto menos inteligente de la noche a la mañana, pero había cambiado su forma de usar sus recursos mentales. Había pasado de practicar deliberadamente sus habilidades cognitivas a tercerizarlas constantemente en algoritmos. Y eso tiene consecuencias.
Lo que dice la ciencia sobre CI, práctica y tecnología
En psicometría sabemos que las capacidades cognitivas generales, como el razonamiento lógico o la comprensión verbal, se suelen evaluar mediante pruebas estandarizadas. En las pruebas de CI, por ejemplo, la media poblacional se normativiza en 100 puntos con una desviación típica de 15, lo que permite comparar el rendimiento de una persona con el de su grupo de edad.
Entre las baterías más conocidas, las Matrices Progresivas de Raven evalúan principalmente el razonamiento abstracto: la capacidad de detectar patrones visuales, completar series lógicas y manipular mentalmente relaciones entre figuras. Este tipo de razonamiento está muy relacionado con la resolución de problemas novedosos, justo aquello que la IA promete “resolver por ti”.
Un dato importante que a veces se olvida es que también se sabe que existen efectos de práctica: cuando una persona se familiariza con el formato de una prueba, puede mejorar su rendimiento simplemente por conocer mejor el tipo de ítems, las instrucciones y las estrategias típicas. Es decir, tu desempeño no refleja solo tu potencial, sino también cuánto has entrenado ese tipo concreto de tareas.
¿Qué tiene que ver esto con la dependencia de la IA? Mucho. Si dejas de realizar por ti mismo tareas que implican razonamiento, atención selectiva o creatividad (por ejemplo, resolver problemas lógicos, redactar textos en inglés sin traductor, planificar tu estudio sin apps que lo hagan todo), estás reduciendo precisamente esas oportunidades de práctica que consolidan tus habilidades. Y si además consumes grandes cantidades de contenido rápido, escaneando titulares y resúmenes generados automáticamente, fomentas un procesamiento superficial en lugar de profundo.
En paralelo, algunos estudios sobre atención y tecnología muestran que la exposición constante a notificaciones, multitarea y cambios rápidos de estímulo se asocia con mayor distractibilidad. Esto es especialmente relevante para personas que ya tienen dificultades de concentración (como quienes presentan rasgos compatibles con el TDAH), porque la tecnología puede amplificar la fragmentación de la atención en lugar de ayudar a gestionarla.
IA, pereza mental y creatividad en piloto automático
La línea entre usar la IA como herramienta de apoyo y convertirla en un piloto automático mental es más fina de lo que parece. Algunos signos de que podrías estar cruzando esa línea son:
- Te cuesta empezar una tarea sin primero pedir “ideas iniciales” al asistente de turno.
- Notas ansiedad al escribir en inglés sin correctores automáticos o al hacer cálculos sin calculadora.
- Has dejado de disfrutar de desafíos mentales como rompecabezas, acertijos lógicos o test de aptitudes “por diversión”.
- Consumes listas de “10 estrategias rápidas para…” pero rara vez te detienes a analizar, adaptar y cuestionar lo que lees.
La creatividad se resiente cuando solo reaccionas a lo que te da la máquina. Si tu proceso creativo comienza y termina con “genera 10 ideas para…”, estás externalizando la fase más rica del pensamiento divergente. La IA puede proponer combinaciones inesperadas, pero no conoce tus experiencias personales, tu historia, tus matices emocionales. Sin la chispa humana que selecciona, conecta y resignifica, las ideas se vuelven genéricas.
Algo similar ocurre con el razonamiento. Delegar en exceso puede reducir tu tolerancia a la frustración cognitiva: ese momento incómodo en el que no sabes la respuesta y tienes que sostener la duda, probar estrategias, equivocarte. Sin ese “entrenamiento del músculo mental”, los desafíos comienzan a vivirse como amenazas y no como oportunidades de crecimiento.
Cuando la IA se convierte en muleta: paralelismos con la atención dispersa
Muchas personas interesadas en temas de CI, TDAH, funciones ejecutivas o productividad describen patrones similares: saltar de una pestaña a otra, empezar varias tareas y no acabar ninguna, depender de apps para recordar absolutamente todo. La IA suma una nueva capa a este fenómeno, porque ahora también puede decidir qué leer, qué hacer primero y hasta cómo estructurar tus ideas.
Esto puede aliviar la carga mental a corto plazo, pero también puede debilitar habilidades como:
- Planificación: decidir por ti mismo qué es importante y en qué orden.
- Monitorización: darte cuenta de que te estás distrayendo y redirigir tu atención.
- Metacognición: pensar sobre cómo piensas, evaluar tus estrategias y ajustarlas.
Si siempre pides a un modelo que te diga “los 5 puntos clave” de un texto en inglés o “la mejor estructura” para tu ensayo, pierdes la práctica de jerarquizar información, algo clave en el rendimiento académico y profesional. En contextos de alta exigencia (oposiciones, investigación, programación avanzada, diseño creativo de alto nivel), esa capacidad de pensar en profundidad sigue siendo insustituible.
Usar la IA sin apagar tu mente: estrategias prácticas
La solución no es demonizar la tecnología, sino aprender a usarla de forma que complemente, y no reemplace, tus procesos mentales. Aquí tienes estrategias concretas para mantener tu mente en forma:
1. Primero piensa tú, luego pregunta a la IA
Antes de pedirle una respuesta a un asistente, escribe tu propio borrador de solución, esquema o idea. Puede ser un párrafo, una lista de puntos o un esquema visual. Solo después contrasta con la propuesta de la IA: compara, corrige, amplía. Así mantienes activo tu razonamiento y usas la tecnología como espejo crítico, no como cerebro sustituto.
2. Reserva “zonas sin IA” para entrenar habilidades clave
Elige momentos concretos del día o de la semana para trabajar sin asistentes digitales, al menos en tareas que impliquen razonamiento, memoria y creatividad. Por ejemplo:
- Resolver 10–15 ítems de razonamiento abstracto tipo Matrices de Raven a mano.
- Escribir un texto breve en inglés sin corrector automático y luego revisarlo tú mismo.
- Diseñar un mapa mental en papel para preparar un tema complejo.
Si quieres comprobar cómo estás usando tu razonamiento, busca un test breve de matrices o de creatividad en línea y di: Haz ahora el test y respóndelo sin ayuda de IA. No importa tanto la puntuación como el esfuerzo mental que realizas.
3. Usa la IA como sparring, no como oráculo
En lugar de pedir “la respuesta correcta”, usa la IA para simular un debate. Por ejemplo:
- Plantea tus argumentos sobre un tema y luego pídele que los refute.
- Escribe tu propia interpretación de un resultado de test de aptitudes y pide contraejemplos.
- Formula varias hipótesis sobre por qué te distraes estudiando y pide alternativas para contrastarlas.
De esta forma, la herramienta funciona como un oponente intelectual que desafía tus ideas, obligándote a afinar tu pensamiento crítico.
4. Diseña “entrenamientos cognitivos” personalizados
Si te interesan los tests de CI, creatividad o funciones ejecutivas, puedes crear tu propia rutina de entrenamiento semanal:
- Día de razonamiento: problemas lógicos, series numéricas, matrices.
- Día verbal: lectura profunda (no solo resúmenes), escritura de ensayos breves, ampliación de vocabulario en tu idioma y en inglés.
- Día creativo: ejercicios de pensamiento divergente, escritura libre, brainstorming en papel sin filtro inicial.
La IA puede ayudarte a generar materiales (listas de problemas, palabras nuevas, prompts creativos), pero el trabajo duro debe hacerlo tu mente: resolver, conectar, seleccionar, evaluar.
5. Protege tu atención como si fuera un recurso limitado
La atención sostenida es la base para cualquier actividad intelectual profunda, desde preparar un examen de aptitud hasta programar o crear arte original. Algunas pautas útiles:
- Bloquea notificaciones durante tus sesiones de estudio o trabajo profundo.
- Trabaja en bloques de tiempo bien definidos (por ejemplo, 25–40 minutos) con pequeñas pausas, sin cambiar constantemente de tarea.
- Evita tener varias ventanas con IA abiertas “por si acaso”; ábrelas solo cuando las necesites de verdad.
Así reduces el riesgo de que tu mente se acostumbre a un flujo continuo de estímulos inmediatos y pierda capacidad para sostener el esfuerzo mental prolongado.
Mirada hacia el futuro: entrenar la mente en vez de delegarla
Proteger tu cognición no significa rechazar la IA, sino asumir que tu mente sigue siendo el centro del proceso. La tecnología puede ayudar a democratizar el acceso a la información, ofrecer feedback rápido y proporcionar materiales de práctica casi infinitos. Pero si renuncias a equivocarte, a esforzarte, a dudar y a pensar lentamente, estarás cediendo precisamente aquello que te hace único como ser humano.
En un mundo donde cualquier persona puede obtener una respuesta aceptable en segundos, la diferencia real la marcarán quienes mantengan su capacidad de razonamiento profundo, creatividad genuina y juicio crítico. Cultivar estas habilidades requiere intencionalidad: decidir cuándo usar IA y cuándo dejar que sea tu cerebro el que haga el trabajo pesado.
La invitación es sencilla pero exigente: convierte a la inteligencia artificial en tu aliada, no en tu sustituta. Hazte preguntas difíciles, busca desafíos que te incomoden un poco, practica tareas que no se resuelven con un solo clic. Tu yo futuro —más atento, más creativo y con mayor claridad mental— te lo agradecerá.
Preguntas frecuentes
¿Usar IA para estudiar puede bajar mi CI?
No hay evidencia de que usar IA, por sí solo, reduzca tu CI medido en pruebas estandarizadas. Lo que sí puede ocurrir es que, si sustituyes de forma sistemática el esfuerzo mental por automatismos, practiques menos habilidades clave (razonamiento lógico, memoria de trabajo, lectura profunda). A largo plazo, menos práctica puede traducirse en menor rendimiento en ciertas tareas, aunque tu potencial de base siga siendo el mismo.
¿Tiene sentido hacer tests de inteligencia o aptitudes si uso mucha IA en mi día a día?
Sí, pueden ser útiles para tomar conciencia de tus fortalezas y áreas de mejora. Sin embargo, es importante entender que tu rendimiento reflejará tanto tu capacidad como tu nivel de entrenamiento en ese tipo de tareas. Si estás muy acostumbrado a delegar ejercicios de razonamiento, lectura o cálculo en la IA, puede que los tests te resulten más demandantes; precisamente por eso pueden ser una buena señal de alarma y una oportunidad para replantear tus hábitos.
¿Cómo puedo equilibrar el uso de IA con mis dificultades de atención o rasgos de TDAH?
La IA puede ser una herramienta valiosa para estructurar tareas, desglosar proyectos o generar recordatorios, pero conviene poner límites claros. Por ejemplo, puedes usarla al principio para organizar tu plan de estudio y luego trabajar bloques de tiempo sin consultas adicionales. También es recomendable reservar momentos para entrenar tu atención sin apoyos externos (lectura en papel, problemas de lógica, escritura libre), de modo que la herramienta complemente tu funcionamiento en lugar de sustituirlo.


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